Iocari

[Iocari: Lat. Jugar]

Un fin de semana me animé a visitar una isla, un crisol de culturas y de maneras, uno de tantos lugares, entre los márgenes de lo legal y lo ilegal, de lo moral y lo inmoral, que nos hacen reflexionar acerca del modo y modelo de vida estándar que usamos, donde la palabra “derechos” evidencia con su desnudez la incongruencia que supone siquiera pensarla en la sociedad actual. Uno de tantos lugares que se dan en las periferias de las conurvaciones de este occidente liberal y capitalista que vestimos, y donde arrojamos, como quien barre bajo la alfombra, aquello que no queremos ver.

Entre las múltiples cosas que allí se encontraban para vender, entre las múltiples circunstancias y momentos que pude observar, con un poco de prudencia, otro poco de pudor y otro poco de vergüenza, me dediqué a observar a esas víctimas inocentes que para mí representan toda la ternura que pude sentir, comprender y compartir de ese modo de estar en el mundo desesperado y valiente. A aquellas únicas a las que me atreví a mirar a los ojos.

Estas imágenes podrían ser un alegato a muchas cosas. Pero no me veo con la capacidad ni me creo con la potestad de erigirme en reivindicación de nada en una situación que, simplemente, me desborda. Por eso estas imágenes no son más que una mirada a mí misma, como mujer, con mi ansia de maternidad, con mi recuerdo de la infancia, y con esta visión del mundo que dejar en herencia, tan desvencijada como esos pequeños objetos desnudos, sucios, inválidos y paupérrimos.

 

Icoari mosaico

 

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